Solemos pensar que el inodoro «se lo traga todo», pero no es cierto: nada de lo que echamos desaparece por arte de magia. Y de todo lo que no debería acabar ahí, hay un producto que se lleva la palma.
Da igual la marca o el formato: las toallitas atascan tuberías domésticas y colectores por igual, hasta el punto de que en el sector las consideramos el enemigo número uno del saneamiento.
Lo peor es que muchas veces se tiran con la conciencia tranquila, porque el envase promete que son «biodegradables». Y eso, como veremos, no significa lo que parece.
Por qué las toallitas atascan tuberías
La respuesta está en su composición. A diferencia del papel higiénico, que se deshace en cuanto se moja, las toallitas están hechas con fibras textiles muy resistentes, pensadas justo para no romperse mientras las usas.
Esa resistencia, que es una virtud en la mano, se vuelve un problema en cuanto llegan a la tubería: no se disgregan.
Y no viajan solas. Dentro de la cañería se enredan entre ellas y se enganchan con la grasa, los pelos y cualquier otro residuo, formando una maraña compacta que no para de crecer.
Esa maraña casi nunca se para en cualquier sitio: se engancha justo donde la tubería lo tiene más difícil, en los codos, en las reducciones de diámetro y en los tramos horizontales con poca pendiente, algo muy habitual en los edificios antiguos de Barcelona.
En casa acaba taponando el sifón o la bajante; en la red municipal da lugar a los famosos «fatbergs», esas masas enormes que colapsan el alcantarillado y que de vez en cuando salen en las noticias.
Por eso las toallitas atascan tuberías con tanta facilidad: no es cuestión de cantidad, bastan unas pocas y algo de grasa para empezar el tapón.
Del váter al mar: a dónde van realmente
Cuando tiras de la cadena, la toallita no desaparece: empieza un viaje. Si no se queda antes en tu bajante o en la arqueta de la comunidad, llega a la red de alcantarillado y, desde ahí, a las estaciones de bombeo y a la depuradora.
En buena parte del área de Barcelona, esas aguas terminan en la depuradora del Besòs, que da servicio a municipios como Santa Coloma de Gramenet, Badalona y los distritos de Sant Andreu y Sant Martí.
En ese recorrido, las toallitas atascan bombas, rejas y filtros, obligan a paradas para limpiarlas y disparan los costes de mantenimiento, que al final pagamos todos con nuestros impuestos.
Y las que se escapan del sistema acaban fragmentándose en microplásticos que llegan a ríos y al mar. Dicho de otra forma: ese gesto de dos segundos en el baño tiene una cola muy larga.
«Biodegradables» y «apto para inodoro»: ¿de verdad se pueden tirar?
Aquí está el gran malentendido. La duda de si las toallitas biodegradables se pueden tirar al váter tiene una respuesta incómoda: casi nunca.
Que una toallita sea biodegradable no quiere decir que se deshaga rápido en el agua, sino que, con el tiempo y en las condiciones adecuadas, terminará descomponiéndose. Pero ese «con el tiempo» pueden ser semanas o meses, y tu tubería no espera tanto.
Con la etiqueta «apto para inodoro» pasa algo parecido: no es un término protegido, así que un fabricante puede ponerlo sin que el producto se disperse de verdad como el papel.
La única referencia realmente fiable es la certificación «Fine to Flush» (y los ensayos de las normas INDA/EDANA), y hoy por hoy muy pocos productos del mercado la cumplen.
Hay un truco casero para verlo con tus propios ojos: echa un trozo de papel higiénico en un vaso de agua y una toallita en otro, y remueve unos segundos. El papel se deshará enseguida; la toallita seguirá entera por mucho que la agites.
Eso es exactamente lo que ocurre dentro de la tubería. Así que la conclusión práctica es sencilla: salvo que una toallita lleve esa certificación de forma bien visible, lo más seguro es dar por hecho que no se puede tirar y mandarla a la papelera. En caso de duda, papelera siempre.
Un problema muy serio en Barcelona
En el área de Barcelona esto no es un detalle menor. Aigües de Barcelona lleva años con campañas como «Stop toallitas» y «el váter no es una papelera» precisamente por el destrozo que provocan.
Y los números asustan: llegaron a suponer alrededor del 46 % de las emergencias de la compañía en un solo año, y en el conjunto de los 36 municipios del área metropolitana se tiran al inodoro millones de kilos de residuos que no deberían estar ahí, en torno a 1,4 kilos por habitante y año.
En el día a día lo notamos muchísimo: buena parte de los servicios de limpieza de tuberías que hacemos tienen a las toallitas como causa.
Cuando las toallitas atascan tuberías compartidas, además, el problema deja de ser de una sola vivienda y pasa a ser de todo el edificio: en una comunidad de vecinos cada una de esas reparaciones no suele bajar de los 300 euros, un gasto que se reparte entre todos y que era del todo evitable.
Qué no tirar nunca al WC (y qué hacer en su lugar)
La regla es tan simple que cabe en una frase: por el váter solo deben irse pipí, caca y papel higiénico en cantidad razonable. Todo lo demás, a la papelera.
Además de las toallitas, no deberían acabar nunca en el inodoro los bastoncillos, las compresas y tampones, el hilo dental, las colillas, los medicamentos, el aceite de cocina o el pelo del cepillo.
Puede parecer inofensivo tirar «solo una cosita», pero cada pequeño gesto, multiplicado por toda una finca, es justo lo que acaba formando los tapones.
El cambio de hábito es de lo más fácil que hay: basta con tener una papelera con tapa al lado del inodoro (en las campañas de concienciación han llegado a repartir decenas de miles de ellas justo por esto) y acostumbrar a toda la casa, peques incluidos, a usarla.
Y si a pesar de todo ya tienes el WC atascado, en ese otro artículo te explicamos qué hacer paso a paso.
En Desatascos Calixto vemos cada semana lo que las toallitas hacen dentro de tuberías y arquetas, así que insistimos en lo de siempre: prevenir es mucho más barato que desatascar.
Aun así, si el mal ya está hecho y tienes un atasco que no cede, contamos con servicio de desatascos las 24 horas en Barcelona y alrededores para resolverlo cuanto antes.